No hace mucho la FIFA colmó de parabienes al fútbol español. Los expertos y analistas proclamaron con música de viento y voces de coral que en la Liga se jugaba el mejor fútbol del mundo y en ella habitaban los mejores futbolistas. Y también los mejores entrenadores. Pero mientras caían pétalos de rosas sobre las cabezas de nuestros héroes, escuchábamos el chirriante sonido de las ruedas del carruaje, desengrasadas y mal alimentadas.
El fútbol hispánico exporta sonrisas pero entre bambalinas detecto lágrimas y sufrimientos. El oro reluce a chispazos aunque las cuentas no salen. Ni a la de tres salen. El mejor y el más pobre. Entonces, ¿quién se lo está llevando?
España, país sumido en una recesión histórica, camina para atrás en muchos estamentos; pero el fútbol, el bálsamo de fierabrás con el que nos untábamos, se está quedando sin reservas. Arriba existen dos equipos monstruosos, Real Madrid y Barcelona, que lo digieren todo. El resto, incluyendo el Atlético, llora.
España, que es el ejemplo de los aficionados al fútbol de cualquier rincón del planeta, no es el país más rico del globo terráqueo en lo que a este deporte concierne. Real Madrid y Barcelona son los modelos más lujosos de un escaparate que se cae a pedazos.
La Premier League se embolsa tres veces más que España en ingresos internacionales por televisión. Y sus campos lucen a rebosar de aficionados. La Bundesliga importa calidad y rezuma poderío: sus campos se llenan como en Inglaterra y en ingresos internacionales por televisión duplica a España. En este concepto, Italia también se encuentra por arriba de nuestra laureada Liga.
En España, con horarios de locura, una jornada de Liga comienza un viernes y termina cuatro días después, al filo de la medianoche del lunes. ¿Quién puede permitirse el lujo de asistir a un partido de fútbol un lunes por la noche teniendo que madrugar el martes? En la Liga señalan que este desquiciamiento de horas se amolda a las exigencias de la televisión. ¿Y quién se adapta a las exigencias de los aficionados?
Los campos de fútbol cada vez se tiñen de gradas vacías, incluso ya no sirve el aliciente de la visita de un equipo grande a una cancha local. Barcelona y Real Madrid, cuyos partidos se televisan sistemáticamente, han dejado de tener el tirón morboso que engalanaba sus visitas. ¿Quién va a pagar cien euros por noventa minutos para ver a Messi o Cristiano Ronaldo con la que está cayendo?
Ya ni la Copa
Ya ni la Copa resulta rentable a los clubes. La eliminatoria entre el Real Zaragoza y el Sevilla, dos equipos coperos por tradición, dos clásicos de nuestro fútbol, cuyos apuros dinerarios son más que evidentes, han disputado sus partidos de eliminatoria a las siete y media de la tarde, “hora canalla”, calificó un dirigente zaragocista al ver la escasa media entrada de público en La Romareda. A esa hora, muchos están saliendo de sus trabajos y los comercios bullen a falta de una hora para el cierre.
El fútbol español, con mayoría aplastante de clubes al borde de la quiebra, sigue caminando a pasos de gigante hacia el abismo. La Liga de Fútbol Profesional dirige una orquesta para locos y destroza patrimonio. El Consejo Superior de Deportes, que no es ajeno a este desquiciamiento corrosivo del fútbol, tiene elaborada una nueva Ley del Deporte Profesional, que sobre el papel pondrá un poco de equilibrio a esta locura.
La nueva Ley del Deporte Profesional deberá ser debatida en el Parlamento y, por razones obvias, también entrará en los debates la Liga de Fútbol Profesional. Se presume discusiones fortísimas porque existen posturas muy encontradas entre los miembros de la LFP.
El nuevo escenario podría dejar cerradas numerosas contradicciones que ahora plantea nuestro fútbol. Si es el mejor del mundo, ¿por qué camina a la ruina? ¿A quién le interesa esta viajar a enorme velocidad sin frenos? La mano del CSD, en particular del secretario de Estado para el Deporte, Miguel Cardenal, ha mostrado firmeza y voluntad de poner algo de sentido a tanta sinrazón. Se esperan cambios a medio plazo. Un golpe urgente de timón porque la gallina de los huevos de oro ya peina canas.
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